Ecuador

Volcán Imbabura, un sueño que cuesta

Milo2 comentarios1754 vistas

Cada lugar del mundo tiene su historia y el Imbabura no se podía quedar atrás, cuenta la leyenda que en los tiempos antiguos los volcanes eran dioses para los nativos, ellos eran los consejeros y guías espirituales, eran quienes le mostraban al hombre las razones por las cuales debían fortalecer sus virtudes, volverse salvajes en los momentos en que su ferocidad fuese necesitada y apaciguar el salvajismo después de vencer los miedos que atrapaban al ser humano.

Desde muy temprana edad las montañas han llamado mucho mi atención, pues en ellas encontrarás una energía que ha muerto en nuestras ciudades, esa conexión que puedes hallar respirando a más de cuatro mil metros sobre el nivel del mar; es simplemente algo extraordinario que te dejará sin alientos porque es un sueño que cuesta.

No subo a las montaña para estar más arriba de los demás, lo hago para observar desde lo alto el punto tan pequeño de donde provengo.

Leyenda

Imbabura urcu (Cerro Imbabura), es el volcán protector masculino de la provincia que lleva su mismo nombre, se dice que antiguamente había un joven que era oriundo de la montaña y su deber era protegerla, se llamaba Manuel Imbabura y como todo adolescente quería conocer más sobre los lugares que rodeaban su morada, así que en las noches bajaba de ella para observar el mundo y aprender de él, pero siempre teniendo cuidado y protegiendo su identidad para no ser visto por nadie, pues si alguien lograba verlo le diría puriqinchu (andariego) porque él no debía estar fuera de la montaña ya que descuidaría su misión, pero sin importar nada lo hacía, pues cuando somos jóvenes deseamos lo prohibido.

Un día se topó con una joven que en instantes lo enamoraría con su belleza, se llamaba María Cotacachi quien sin saberlo era la protectora de otra gran montaña, juntos empezaron a verse todas las noches y sus encuentros se convirtieron en una mágica leyenda de amor.

El tiempo transcurrió y la edad llegó a ellos en forma de sabiduría, fueron llamados por los nativos cómo el Taita Imbabura y la Mama Cotacachi, ambos protectores de altas montañas, procrearon un hijo llamado Yanaurcu quien hoy en día posa a la derecha de su madre.

Ciudad de inicio

En esta ocasión nos encontrábamos en San Miguel de Ibarra, también llamada históricamente la ciudad blanca y capital de la provincia de Imbabura, este lugar posee un clima veraniego, además es catalogada como la ciudad con el aire más puro del país; pues sus vientos hacen de ella un pulmón para el ser humano.

Debes tener en cuenta que es posible subir al volcán Imbabura desde varios lugares, la ciudad de Otavalo te ofrece el camino más cercano y con mayor facilidad; cosa que no sabíamos nosotros a la hora de subirlo, pero también puedes intentar hacer cumbre desde varias partes cercanas a Ibarra, como lo hicimos nosotros desde la esperanza; ruta que elegimos para subir.

Comenzando trayecto

Nuestro recorrido comenzó alrededor de las ocho de la mañana desde el parque ciudad blanca, lugar que se puede observar en la fotografía anteriormente mostrada, hay buses que te llevan hasta el sector de la esperanza por pocos centavos, pero como el dinero apremia decidimos irnos a pie, esto nos dio la oportunidad de conocer más la ciudad y ver en el mapa que había un lugar que deseaba ver con mis propios ojos.

Llegar a la Esperanza es sencillo, solo debes dirigirte a la Avenida Atahualpa y seguir su ruta sin tomar ningún desvío, será fácil reconocerla ya que está llena de monumentos en honor a ancestrales indígenas que llenaron de cultura e historia estas calles, en la ruta fue obligatoria nuestra parada para observar el monumento de los Incas, lugar del mapa que mencioné antes. Este se encuentra situado muy cerca de la avenida Atahualpa.

Nos quedamos algunos minutos en esta pequeña montaña tan sagrada, pidiendo permiso a los ancestros para subir tan monumental volcán, pedimos valor para nuestros espíritus y fortaleza para nuestro cuerpo, pues el camino era largo y sin guía sería más complejo de lo habitual.

Alejándonos de la ciudad

Tras caminar más o menos una hora nos encontramos con un camino de piedras que nos llevaría hasta casi un costado del volcán, ya nos estábamos despidiendo de las construcciones del hombre moderno para adentrarnos en la organización de las tribus que aún sobreviven sin perder su cultura e ideologías.

Más adelante en nuestro camino nos encontramos con San Clemente, lugar donde vive la comunidad indígena Kichwas Karankis, una de las comunidades más organizadas que he visto hasta el momento, tienen sus normas y manuales de conducta, además se encuentran construyendo paradas de autobús para tener mejor acceso a sus tierras desde la ciudad.

Cada parada que nos encontramos en el camino tiene un nombre, que según una de las personas que nos encontramos en el camino es el nombre del sector y tiene un significado especial para ellos en su idioma nativo quechua o quichua; lengua originaria de los Andes centrales que se extiende por la zona occidental de América del Sur a través de seis países. Por otro lado, debo decirte que el camino empedrado te hará hablar en quichua o refunfuñar, porque es tan largo y agotador que soñarás con caminar sobre la verde pradera.

No te diré cuantas paradas son para no desmoralizar tu avance, solo te diré que es necesario que lleves agua, protector solar y algún alimento que te dé energía porque la vas a necesitar, no tanto en el camino de piedras sino en lo que viene de ahí en adelante, ya que no tendrás dónde abastecerte de alimentos ni hidratación.

Fin del camino de piedra

Tras caminar por el empedrado durante horas, dejamos atrás el dolor de cada piedra en la planta de nuestros pies y comenzamos a transitar por un sendero que poco a poco nos mostraba lo lejos que estábamos de la civilización y al mismo tiempo nos hacía ver que nos encontrábamos aún a muchas horas de la cumbre del gran volcán.

No estábamos ni cerca de la cima del Taita Imbabura y ya lográbamos observar la belleza de la lejanía, podíamos apreciar la sombra que hacían las nubes sobre las ciudades y los campos, además teníamos a nuestra vista la gran Laguna de Yahuarcocha que literalmente significa “Lago de sangre” y debe este nombre al hecho de que en sus orillas se efectuó la última batalla de resistencia de los Caranquis (tribu nativa de la zona) contra las tropas Incas invasoras. Se dice que luego de ganar la batalla, los incas con sus cuchillos asesinaron a los sobrevivientes y arrojaron sus cuerpos al lago, tiñéndolo de sangre.

Fin del camino

llegamos a un lugar donde nos tropezamos con un gran sembrado de papa y el camino desapareció, desde allí nos dimos cuenta que seguiríamos solos y sin ninguna ruta que nos mostrara por dónde debíamos continuar, sin embargo yo llevaba un as bajo la manga, el cual era la aplicación de celular maps.me que me marcaba aún por donde era necesario seguir.

Poco a poco el camino se hizo algo confuso, pues mi as bajo la manga había dejado de funcionar y nuestros ojos veían el efecto montaña, ese que nos desmoraliza a muchos cuando creemos que alcanzamos cumbre y nos topamos con otro pico más alto; eso nos estaba sucediendo y no sabíamos qué camino tomar, así que encontramos un lugar adecuado para descansar y lo aprovechamos escuchando el silencio de la naturaleza.

Decidimos continuar sin mirar atrás y tras caminar por un hora aproximadamente nos encontramos con unos senderos ya marcados por un pastizal que en su inicio parecía sencillo, debo decir que nos tomó por sorpresa porque era realmente complicado caminar por allí, así que con determinación seguimos abriéndonos paso a través de la montaña.

Estábamos rodeando la montaña para encontrar un camino que nos llevara a la verdadera cumbre del gran Taita Imbabura, de este modo, logramos ver lo que parecía el final de la montaña, anteriormente habíamos escuchado que este volcán era el que utilizaban los escaladores profesionales para entrenarse y aclimatarse para luego subir los más altos de Ecuador, así que pensamos que esa sería nuestra tan anhelada cumbre.

Retando al Imbabura

Tras caminar en la dirección de las marcas de la anterior fotografía, nos encontramos con un pequeño cañón, era un antiguo camino por donde transitaba el agua, fue una cascada hermosa que había dejado de existir, observamos cómo los cambios climáticos han golpeado fuertemente a Ecuador.

Era el momento no solo de retar al Imbabura, sino de retarnos a nosotros mismos, pues el camino se ponía cada vez más difícil debido a la inclinación del terreno, parecía que estuviéramos escalando pero en vez de tener un arnés teníamos la vegetación espesa para agarrarnos de ella, creo que fue sin lugar a dudas la parte más difícil del recorrido.

No sé exactamente cuánto tiempo caminamos después de lograr llegar a la gran roca del Imbabura, pero sé que llegamos casi a una cima que no era la cumbre del volcán, nos había acogido el efecto montaña y habíamos ido en la dirección incorrecta, sentíamos haber fracasado en nuestro intento por intentar llegar, eran las 02:30 p.m. Ya no teníamos tiempo para bajar del lugar en que nos encontrábamos e intentar alcanzar otra cumbre, así que miré mi celular y observé en google maps nuestra ubicación y esta nos señaló que estábamos casi en la cumbre del Imbabura.

Nuestro camino había acabado y el tiempo en la montaña se agotaba, debíamos comenzar a bajar hacia Ibarra y nos faltaba un largo trayecto por recorrer, así que sin afanes decidimos disfrutar del lugar por un rato y tomarnos algunas fotografías para el recuerdo, esta vez el Imbabura nos había vencido, pero al mismo tiempo nos había enseñado que realmente es la montaña quien decide si podemos subirla o no.

Despedida

El Taita Imbabura nos otorgaba unas hermosas vistas no solo para nuestros ojos, sino también para el disfrute de ustedes quienes nos leen y siguen el recorrido tan de cerca.

Decirle adiós a un lugar en el que sentiste tanto nunca va a ser fácil, así que paso a paso nos fuimos alejando del gran Taita Imbabura, conectando nuestras manos a su invaluable naturaleza y gran inmensidad.

No sé cuántos de ustedes han visto la película Gladiador, bueno realmente creo que todos nos la hemos visto y si no lo has hecho corre a verla inmediatamente, cuando me dirigía a Ibarra recordé el gran momento en que Maximo caminaba tocando con su mano la naturaleza que lo rodeaba mientras veía su hogar a lo lejos.

Espero que te haya gustado la historia de nuestra aventura por el volcán Imbabura y sería genial que lo intentaras algún día, no permitas que tus días sean solo rutina y vuela en pro de la libertad.

Vive feliz, vive libre.

Milo
Viajero utópico que movido por su pasión te llevará a lugares asombrosos.

2 Comentarios

  1. Gracias por recordarme la gran película y la oportunidad de experimentar uno de sus clips; me sorprende el heroismo de uds, mis personajes favoritos, que luchan a brazo partido por alcanzar sus ideales. Redescubren mundos que la naturaleza solo guarda con recelo para aquellas personas que en su osadía acentúan la curiosidad y altruismo de aquello que ha estado tanto tiempo oculto… La mirada de uds, satisface nuestra curiosidad por todo cuanto está fuera de nuestro alcance. virgil

    1. La vida misma vista desde lo oscuro está fuera de nuestro alcance, pero cuando nos adentramos en la aventura de vivir libres y despertar cada mañana con un nuevo ideal todo se muestra más claro y nuestros sueños dejan de ser solo sueños para convertirse en una realidad.

      Vive feliz, vive libre.

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