Brasil

La gran obsesión de capturar un Tucán en Paranaíba

Milo196 vistas

Quiero comenzar esta historia diciendo que nuestra intención no era capturar este tucán literalmente sino llevarnos un recuerdo en nuestras memorias y hacerlo de una manera un poco diferente, me refiero a capturarlo para siempre sin robarle su libertad, sin privarlo de ella, hacerlo sin que él se diera cuenta que nosotros estuvimos ahí frente a él admirando su belleza.

Ya lo habíamos visto por primera vez en Campo Grande pero aquella vez no tuvimos el equipo fotográfico necesario para tomarle una foto, por ello nos obsesionamos demasiado con este espectacular animal y dejamos de esperar a que él nos encontrara nuevamente, así que fuimos en su búsqueda pero la vida tiene un orden y nos mostró poco a poco cómo de difícil hoy en día es ver a aquellas lindas aves disfrutando de su libertad.

El inicio de esta aventura comenzó gracias a un gran amigo que hicimos en Campo Grande quien fue la persona que hizo posible nuestro viaje a Paranaíba, él nos llevó a su hogar en esta ciudad ubicada casi en el medio del continente suramericano, era espectacular y nosotros no podíamos estar más felices, en el camino nuestro amigo nos contó que los tucanes eran los animales más fáciles de ver en esa parte de Brasil, pues allí volaban en libertad sin ningún problema, sin embargo en todo el camino mientras tenía la cámara en la mano ninguno de ellos voló cerca nuestro, iba a ser difícil; eso lo sabíamos, pero debíamos lograrlo así que estuvimos pendientes todo el trayecto pero no apareció.

La desaparición del camino

Después de cinco largas horas llegamos a Paranaíba y nuestro amigo nos dijo que estuviéramos pendientes del cielo y los árboles ya que ellos normalmente pasaban volando por allí pero después de decirnos eso una gran tormenta azotó la ciudad imposibilitándonos verlo, las probabilidades eran ahora más remotas porque según nuestro amigo, estas aves, cuando llueve, normalmente no salen de sus nidos, tenía razón al decirlo porque ese día no vimos nada en el cielo sin embargo creímos en ese dicho que dice “amanecerá y veremos”, así fue al día siguiente todo cambió porque aunque no vimos el tucán tuvimos la oportunidad de ver estos preciosos ejemplares que nos hicieron sonreír de felicidad.

Estas aves nos hicieron prepararnos para el Tucán sin duda porque se movían tan rápido que fotografiarlas era difícil, era exactamente lo que queríamos y la vida nos estaba preparando, así que sin más nuestro amigo nos dijo ese nuevo día que nos prepararemos para ir a conocer unos cuantos lugares, nosotros ya estábamos más que listos, nuestras ansias de encontrar el tucán eran más que las de comer, por ello partimos hacia un lugar no turístico pero sensacional, fuimos a conocer el puente que une dos estados y que curiosamente bajo él pasa el rio que después de unirse con otro forman el río que riega las Cataratas de Iguazú.

La lluvia llegó de nuevo haciendo que las aves del cielo se dispersaran y eso nos puso un poco tristes pero nuevamente la vida nos mostró una señal, no fue ninguna ave lo que apareció en el cielo sino un espectacular arcoíris el cual tuvimos la oportunidad de ver de principio a fin, fue una experiencia maravillosa y eso nos alegró el día, la felicidad fue tanta que al volver yo no llevé la cámara preparada para tomar alguna fotografías y fue ahí que descubrí que algunos momentos no deben ser fotografiados por nuestra cámara sino por nuestra mente, digo eso porque un lindo venado de cola blanca pasó cruzando la carretera y lo vimos como si el tiempo se hubiese detenido, no tanto para sacar la cámara y fotografiarlo pero sí para jamás olvidarlo.

Al despertar el tercer día, nuestro gran amigo nos sorprendió diciéndonos que un amigo de él nos iba a llevar a conocer algunos lugares ya que él debía trabajar, la vida definitivamente cada día nos hace conocer personas espectaculares en este viaje que empezó hace más de un año y medio, la felicidad era inigualable y por ello nos alistamos para vivir nuevos momentos y quizá capturar el tan anhelado tucán que perseguíamos, en el camino a este nuevo lugar por conocer vimos un lindo armadillo al cual le tomamos una fotografía que para mí habla por sí sola.

Cientos de armadillos son asesinados por los vehículos que transitan a altas velocidades por las carreteras de Brasil

Después de recorrer casi setenta kilómetros llegamos a un lugar que nos sorprendió, lo primero que vimos fue un puente de madera que parecía no llevar a ninguna parte, al fondo se veía que había agua pero aún no dimensionábamos lo que nos íbamos a encontrar, No, no nos encontramos al tucán, pero visitamos un lugar al que soñaríamos con volver, les hablo de la Lagoa Santa, lo que la hace única es que está ubicada casi en dos estados pero pertenece al estado de Goiás, en pocas palabras nuestro amigo nos mandó para otro estado con su amigo para que conociéramos este hermoso lugar del cual nos enamoramos.

La laguna no estaba en su cien por ciento de claridad, como ya lo saben la lluvia azotó la región dos días seguidos sin embargo eso no nos impidió disfrutar de sus aguas calientes, una delicia completa, nosotros no podíamos creer la claridad del agua que estábamos viendo, los peces nos hicieron masajes mientras nos movíamos entre las rocas y al volver a casa vimos que en realidad cuando no llueve, esta laguna es mucho más clara, completamente transparente, no nos pusimos tristes por no haberlas visto así sino más bien nos dio felicidad porque la vida nos dio un paisaje diferente, uno único que disfrutamos como niños.

Después de un largo rato bañándonos y tomando fotos emprendimos un nuevo camino hacia otro lugar en el cual las aves salieron como si el calor del sol estuvieran buscando, vimos muchas especies pero no vimos el tucán, el paisaje era hermoso y lo disfrutamos pero yo me sentía triste porque pensaba que si no era allí ya nunca iba a tener la oportunidad de fotografiar a un tucán, se notaba la tristeza en mi rostro y no podía ocultarlo, fue tanta que después de tomarle fotos al lugar guardé la cámara y me puse a ver el río pasar y al verlo pasó lo que tanto esperé pero preparado no estuve, un tucán salió de la nada y voló sobre nosotros, no me dio tiempo de reaccionar porque fue demasiado rápido, perseguirlo era imposible, la oportunidad ya se había extinguido, no sé por qué en ese instante la tristeza se apoderó de mí sin pensar que verlo ya era un motivo para ser feliz, pero la vida tiene muchas oportunidades y ella me lo demostró.

La belleza del desenfoque

El último día en Paranaíba fue la despedida, nuestro amigo nos dijo que lo acompañáramos a la finca de sus padres para visitarlos y allí sería el último lugar donde el tucán podía aparecer, sin embargo llegamos allá y sus padres nos dijeron que hacía mucho tiempo no veían tucanes por la zona, yo realmente no lo acepté y con tristeza me fui a tomarle fotos a otras aves que volaban en el cielo y comían semillas del suelo.

En realidad no sé qué hora era pero sé que ya el sol estaba empezando a alumbrar con menos intensidad, eso no era bueno porque aunque tenemos una buena cámara no es la mejor sin luz natural, eso representaba un problema pero realmente no me importó, seguí caminando mientras fotografiaba paisajes y aves que veía a cada paso que daba hasta que escuché un sonido, nuestro amigo Fredson nos había hecho el sonido que hacía el tucán para comunicarse y ese que escuché era exactamente igual, reaccioné de inmediato y alisté la cámara a su máxima velocidad, esa era mi oportunidad, aún no lo veía pero si lo hacía era la última vez que lo haría, me agaché y en cuclillas avancé tan sigilosamente que parecía como si me arrastrara, fueron casi cien metros los que me separaban del sonido hasta que de repente lo vi, estaba allí en un árbol escondido, todo dentro de mi se detuvo y después de hacerlo mi corazón latió tan rápido que sentía iba a explotar.

Me acosté en el suelo tácticamente para no intimidarlo porque antes de que yo lo viera él ya me había visto a mí, yo estaba en su territorio y no él en el mío, por eso le mostré respeto y no me acerqué más, esperé observándolo durante un largo tiempo, mi sonrisa no se quitó de mi rostro ni un segundo, parecía un francotirador esperando su objetivo, y cuando de pronto voló yo disparé, no con un arma sino con mi cámara para hacer real la captura del animal que tanto perseguí, era mío, me lo iba a llevar a casa, ese momento fue único y jamás lo olvidaré, debo confesar que cuando el tucán ya se había desaparecido de mi vista en el horizonte vi la foto que hice y se me aguaron los ojos de la felicidad, lo había conseguido y así fue como le di gracias a la vida por esta linda oportunidad que me dio al ver un animal viviendo en libertad.

Tucán Tucán Tucán

Somos parte de este mundo y no somos dueños de él, los animales no son nuestras mascotas, son amigos que viven en el mismo lugar que nosotros lo hacemos, respetemos sus vidas y así quizá estaremos mostrando nuestra verdadera naturaleza, esa de ser los protectores de la tierra.

Al finalizar nuestra travesía y antes de volver a casa tuvimos la oportunidad de ver este león, estaba a la venta pero nadie lo compraba, la razón es su valor, pues costaba 90.000 reales, un poco más caro que una camioneta, ¿ustedes lo comprarían?

Vive feliz, vive libre.

Milo
Viajero utópico que movido por su pasión te llevará a lugares asombrosos.

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