Bolivia

Persiguiendo delfines rosados en Trinidad

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Quisimos llegar a Trinidad para darnos la oportunidad de descubrir un poco de ese clima amazónico boliviano no turístico, vivir unos días en el calor selvático y tal vez conseguir nadar en un barquito desde donde pudiésemos ver los famosos delfines rosados de los ríos amazónicos.

Trinidad es la ciudad capital del departamento del Beni, de Bolivia, se encuentra a 160 msnm, rodeada de grandes ríos.

Mientras buscábamos la oportunidad perfecta para conocer a los delfines, nos dedicamos a pasear por algunos lugares bonitos que tiene Trinidad, como la Laguna Suárez y a aprender en el Museo Ictícola acerca de todos los animales que viven bajo las aguas oscuras de los ríos en esta región.

La laguna Suárez es una inmensa laguna de agua dulce artificial que adorna los atardeceres en Trinidad, fuimos antes de la puesta de sol, tomamos un baño a pesar de sentir el lodo rozando nuestros pies y disfrutamos de los últimos rayos de luz en cuanto nos refrescábamos.

Más tarde, cuando fuimos al Museo Ictícola, nos dimos cuenta, gracias a la descripción de cada cadáver de animal, que varios de los animales expuestos fueron hallados en la Laguna Suárez donde habíamos estado sumergidos antes y no solo tipos de peces inofensivos, también pirañas procedentes de la laguna, si hubiese sabido esto antes de entrar en ella, es claro que no lo hubiera hecho.

Laguna Suárez
Delfín rosado
Delfín rosado en el Museo Icticola

Varias especies de delfines habitan los ríos pero el más famoso sin duda alguna es el delfín rosado, también llamado Bufeo en Bolivia y nosotros moríamos de curiosidad por ver uno de estos delfines en vivo, descubrir si realmente eran rosados, presenciar su manera de comportarse de cerca, así que nos aventuraremos a realizar la Ruta del Bufeo; una ruta por el río Ibare en una pequeña barca con nuestros afortunados ojos.

La ruta comenzó gracias al periódico La Región, que fue el encargado de que pudiéramos vivir esta experiencia, una cuestión de suerte o de reciprocidad, pues en todo el recorrido de viaje que llevamos he confirmado aquello que dice Milo de que la vida te devuelve las sonrisas que le brindas.

En el camino acontecieron varias cosas que para mí, hicieron de la experiencia algo único, una de ellas fue que el día era el peor para contar con la suerte de ver bufeos, el cielo estaba opaco y el río por el que navegábamos no era el más grande y desolado como para ver montones de delfines nadando a nuestro alrededor, además como si fuera poco, comenzó a llover tan fuerte que teníamos miedo de hundirnos, y yo particularmente, de morir ahogada gracias al ataque de pánico que me daría el hecho de pensar en un caimán nadando bajo mi cuerpo.

Trinidad

A pesar de la lluvia, los delfines comenzaron a salir pero nosotros nunca alcanzábamos a verlos, salían rápido y en cualquier parte del río para donde no estábamos mirando, al lado contrario de donde nuestros ojos los buscaban, hasta que los niños que iban en la lancha con nosotros gritaban «ahí, vi uno» y girábamos la cabeza intentando que fuese tan rápida como la de los búhos pero no conseguíamos ver nada, a veces solo un chapuzón.

La lancha continuó su recorrido y fuimos a conocer un árbol gigante que se encuentra a la orilla de este río, nos comieron los mosquitos en el camino, nos mojamos y nos alegramos de que este gigante ancestral estuviera aún en pie siendo conservado por los habitantes de la zona.

Después de este recorrido debíamos volver de nuevo al lugar desde donde salimos, pero como aún no conseguíamos ver bien a los bufeos, la resignación comenzó a surgir, hasta que los niños que se encontraban en la pequeña barca con nosotros comenzaron a jugar en el agua con sus pies y los delfines tal cual como otros niños comenzaron a hacerse notar sacando su cuerpo a la superficie. Fue hermoso presenciar esa conexión entre animales y humanos, era como si todos fuesen niños comunicándose por medio de juegos.

Y así fue como logramos ver a los inteligentes y juguetones delfines rosados, fue muy difícil tomarles alguna buena foto porque no saltan como los delfines de mar, solo sacan un poco su cuerpo, salen en cualquier parte del agua sin generar un movimiento previo y se esconden muy rápido, sin embargo fue genial lograr verlos, una experiencia magnífica para nuestros ojos y como ninguna fotografía por buena que sea en el mundo puede superar la emoción de ver a estos animales en persona, entonces quedamos muy felices con lo vivido.

Entre las especies de delfines de río, los delfines rosados ​​del Amazonas son considerados los más inteligentes, con una capacidad cerebral un 40% mayor que la de los seres humanos. Estos delfines viven en el río Amazonas, pero también se pueden encontrar en las cuencas del Orinoco y la parte alta del río Madeira. A pesar de que son mayormente rosados se pueden encontrar otros colores en su piel como el gris claro, rosa o marrón.

Para realizar esta enriquecedora ruta salimos desde un lugar llamado Loma Suárez, dicen que incluso desde allí, sin necesidad de adentrarse en el río pero teniendo mucha suerte, es posible ver a los bufeos.

También en Trinidad puedes visitar otros puertos interesantes aunque bastante tranquilos como Puerto Almacén, Puerto Barador y Puerto Ballivian o algo más concurrido como el Parque Pantanal dentro de la misma ciudad de Trinidad en el que podrás pasar una tarde amena y ver algunos animales.

Vive feliz, vive libre.

Ly
El mundo es mi país.

4 Comentarios

  1. Estimada caminante por senderos desconocidos, que agradable poder tenerla a uds y Milo como embajadores de tantos espectadores interesados en adquirir cultura y respeto por la naturaleza, les felicitamos por la experiencia de ver en acción los delfines que tanto bien hacen a otros seres en dificultades, aunque no conozco a los rosados, gracias por las imágenes y los paisajes del río en lugares cálidos de la fría Bolivia, este contraste es la mayor riqueza de nuestra américa ante el mundo y mayor reserva para la subsistencia de la humanidad, gracias a uds y a Trinidad que nos permiten sensibilizarnos en un mundo para generaciones futuras… les queremos desde Medellín Colombia, Virgil.

    1. Que bellas palabras. A nosotros nos hubiera encantado tener mucho más tiempo en los ríos de Trinidad para lograr capturar toda la magia de estos maravillosos seres, sin embargo, el premio mayor solo se lo llevaron nuestros ojos. Por esa razón, espero que pronto tengas la oportunidad tú también de llevarte ese premio de verlos nadando, admirar su color, inteligencia, sensibilidad.
      Por todo lo demás, muchas gracias, nos caen muy bien siempre tus deseos positivos.

      Vive feliz, vive libre.

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