Perú

Choquequirao; la remota ciudadela Inca y la aventura más difícil

Milo4 comentarios1254 vistas

Se dice que Choquequirao es la hermana de Machu Picchu por el gran ingenio que tenían los Incas en su arquitectura megalítica y realmente están en lo cierto al situarlas al mismo nivel, porque elegir a una como mejor es intentar darnos cuenta quién es superior entre tu hermano y tú, eso es algo del ego que no tiene sentido, para mí simplemente estos dos lugares tienen unas grandes diferencias que los hacen inigualables y en esta ocasión me encargaré de mostrarte lo que nos encontramos en lo que puede llamarse la aventura más difícil de nuestro viaje por Suramérica.

Antes de eso te contaré que habíamos escuchamos a muchísimos viajeros decir que si vas a Machu Picchu no es necesario ir a visitar la alejada ciudadela de Choquequirao y luego de pensarlo llegamos a la conclusión de que todas las personas que alguna vez habían expresado esa idea, no habían tenido el tiempo o coraje para ir a enfrentarse al arduo trekking que se debe hacer para conocerla, por ello un dato importante sobre el turismo en Choquequirao es que de las personas que conocen Machu Picchu solo el 01 % se adentra a conocer esta otra ciudad perdida de la que se habla en las leyendas antiguas, lo bueno es que la Senda Utópica hizo parte de ese pequeño porcentaje para traerte una nueva aventura que te dejará los pelos de punta, pero antes es vital tener conocimiento acerca de quienes fueron los primeros que se interesaron por Choquequirao.

El descubrimiento

Se hablaría por primera vez de la ciudadela más oculta de los Incas en 1710, después de ser descubierta por el explorador español Juan Arias Diaz Topete quien se encontraba explorando la zona del río Apurímac junto a misiones religiosas en búsqueda de riquezas ocultas y tierras fértiles en minerales para explotar, a su paso por allí tuvo la oportunidad de escuchar leyendas antiguas sobre un sitio llamado Choquequirao que significa Cuna de Oro en quechua y tras pagar a indígenas nativos de la zona para que le condujesen a ella, logró llegar después de un camino que exigía una gran cuota de sacrificio y riesgo.

Complejo arqueológico Choquequirao

Años después, en 1790, se escucharían relatos con intereses evangelizadores de Choquequirao por parte del geógrafo Pablo José Oricaín, quien hablaría del encanto y misterio, de los mitos y leyendas que se difundían acerca de esta ciudad perdida que necesitaba una nueva forma de recuperación, en la que un poco más tarde en la historia entre los años 1833 y 1835 con mejores intereses llegaría el francés Eugène de Sartiges de 22 años, quien le daría la oportunidad a este vestigio antiguo abandonado de ser visto con una nueva mirada, una más cultural e histórica.

Andenes principales de Choquequirao

Eugène con ansias de conocer la ciudad perdida de la que tanto le habían hablado emprendió el camino más difícil para llegar a ella, el mismo que se dice habían creado los Incas para su acceso. Antes de iniciar su aventura fue apoyado con 15 indígenas y un guía, ya que el camino que le esperaba iba a ser arduo y los accesos a Choquequirao eran desalentadores y casi imposibles.

 ¡Qué cosa más horrible es ser los primeros en abrir una trocha a través de los bosques!

Eugène de Sartiges

Su expedición duró 17 días, suficientes para darle al mundo un nuevo amanecer de Choquequirao que hoy día aún sigue brillando.

Choquequirao

Choquequirao; la ruta más compleja

Día I: la parte fácil del recorrido

Nos habíamos hospedado en Abancay como siempre por Couchsurfing y nuestra intención era hacer algo diferente, sumarle algo de dificultad a esta ruta que de por sí ya era compleja, pero nosotros queríamos vivir un poco de lo que sintieron aquellos que atravesaron las situaciones más difíciles para llegar a la ciudad perdida de Choquequirao, por ello decidimos hacer la ruta por un camino y devolvernos por otro para así haber logrado un recorrido completo.

Mirador de Kuiñalla

Iniciamos a caminar por Kuiñalla; un pequeño poblado desde donde a futuro se dice habrá un teleférico que te ahorrará este trekking de dioses y te llevará a Choquequirao en tan solo 15 minutos (o eso es lo planeado). Pero esa no es la historia, nosotros estábamos en este pueblito al rededor de las 4 p.m. y nuestra única prisa era llegar a la zona de camping de la playa San Ignacio, ubicada a 6.8 kilómetros de nuestra ubicación.

Nevado Salkantay

Comenzamos a caminar con nuestra sonrisa de oreja a oreja sin saber lo que nos esperaría, ya nos habían dicho que era difícil, pero créeme que no te imaginas aún el recorrido que te espera, así que sin más preámbulos iniciamos el descenso del cañón que nos llevaría al lado del río Apurímac, minutos más tarde la noche llegó, sin la salida de la luna llena disfrutamos de las estrellas y cuando al fin apareció alumbrando el camino la luna, estábamos en la hacienda San Ignacio, lugar donde te sientes en el paraíso porque encontrarás frutas como mangos, papayas, mandarinas, plátanos y otras tropicales de la región.

Kuiñalla está situado a 3.000 m.s.n.m y el campamento estaba a 1.230 de altitud, así que podrás imaginar lo empinado del camino.

La montaña que habíamos dejado atrás

La montaña que nos esperaba

Día II: Enfrentando al mismísimo demonio

Descansamos como reyes en nuestra carpa después del descenso, los lugareños de Kuiñalla nos habían recomendado despertarnos a las 2 a.m. y así estaríamos llegando a Choquequirao a las 7 a.m. pero hicimos caso omiso a ese consejo debido a que la ruta parecía difícil y sin conocer el camino era una irresponsabilidad completa, por ello iniciamos ruta a las 9 a.m. después de escuchar a los loritos cantar o cotorrear y desayunar con las ricas frutas de la hacienda, en el camping hay servicio de baños y agua aunque parece abandonado el lugar, te recomiendo que ahí llenes tus suministros de agua debido a que desde ahí hasta Choquequirao no encontrarás ni una sola gota.

Cañón y río Apurímac

No quiero decirte más veces que el camino es complicado, pero es imposible no hacerlo, debes ir preparado para enfrentarte a ti mismo en este recorrido porque debes lograr que tu mente trabaje para ti y no haga que tu cuerpo busque excusas para rendirse y decidir no seguir, la mayoría de viajeros a los que les preguntábamos qué tal les había parecido el camino a Choquequirao expresaban es difícil pero no es lo peor que he hecho en mi vida, sucede que cuando no haces el camino por Kuiñalla el trekking es nivel 5, pero si lo haces por allí es nivel dios del Olimpo.

Sendero de las infinitas zetas

Después de culminar el camino de las infinitas zetas y caminar durante siete horas y media, llegaríamos a un pequeño bosque que nos daba cierto aire de que estábamos cerca, haber dejado atrás la sequía del cañón Apurímac ya era un éxito para nosotros, nuestros cuerpos estaban en su reserva y de la nada observamos los primeros andenes de Choquequirao, nuestra felicidad era infinita, pero según el mapa aún nos hacían falta 2 kilómetros para llegar a la zona de camping donde nos quedamos dormidos más rápido que unos bebés después del tetero, la diferencia es que nuestro tetero estaba lleno de esfuerzo y sufrimiento.

La parte alta de la montaña es Kuiñalla
La zona boscosa es la hacienda San Ignacio y en la fotografía se logra observar el sendero
Choquequirao
Andenes de Paqchayoc, la casa del agua y la cascada de Choquequirao

El camino completo desde Kuiñalla hasta el campamento de choquequirao es de 15 sufridos kilómetros.

Día III: Conociendo Choquequirao

Al despertar no esperamos siquiera que saliera el sol y ya estábamos encaminados hacia el sitio arqueológico que aunque no lo creas no es cerca, está más bien dispersado por toda la montaña, se dice que está distribuido por 12 zonas delimitadas con sus propios nombres, lo más sorprendente no es solo eso, es que en proporción es mucho más grande que Machu Picchu y solo está descubierto a un 30 % de su totalidad, es tan extenso el lugar que si quieres lograr visitarlo en un solo día, deberás exigirte.

Día a día ellos madrugan primero que todos los viajeros para recuperar el complejo

 

Lo primero que divisamos fue el mirador y la casa sacerdotal desde donde entendimos que los Incas que habitaban este lugar tenían dominio de todas las tierras que los limitaban, desde allí, si hubiésemos tenido unos binoculares potentes, alcanzaríamos a ver sin lugar a dudas cada detalle que rodea el cañón Apurímac.

Casa Sacerdotal
Vista del mirador Sacerdotal

A tan solo unos pasos después se sitúa un lugar sorprendente al que a primera vista nominé como la mejor cancha de fútbol del mundo, pero este lugar llamado Usno era un punto estratégico para esta cultura que veneraba al dios sol, desde este mirador tendrás vistas espectaculares de toda la ciudadela y los sectores aledaños a ella, inclusive podrás observar un detalle que tuvimos la suerte de ver; el portal por donde ingresaban los Incas a la ciudadela de Choquequirao (actualmente roto su acceso debido a derrumbes en la montaña).

Usnu
Portal que conecta Usnu con la Plaza Principal
Antiguo portal de ingreso a Choquequirao

En registros de historiadores y arqueólogos se dice que esta ciudadela solo era habitada por la élite de los hijos del sol, era un lugar netamente religioso y político, además tenía grandes andenes que conectaban con la plaza principal, estos en especial un tanto más amplios que los que rodean todo el complejo arqueológico, los cuales eran destinados al sembrado.

Lo muy sorprendente de esta cultura era su habilidad para construir en lugares con tanta altitud, nacían o encontraban la inspiración en sus ancestros para lograr transformar un lugar donde nadie habitaría, en un hogar para ellos, una ciudadela en la que podían sobrevivir con agua y agricultura, tenían sus propios canales de agua; los cuales estoy seguro eran para la época la innovación más grande en cuanto a arquitectura se refiere.

 

Limitando al lado izquierdo de la plaza principal se encuentra lo hoy denominado como los Talleres, donde se cree era el lugar en que los Incas construían y moldeaban las rocas a su antojo, allí además hay presencia de pequeñas casas donde aún hay morteros utilizados desde tiempos ancestrales para la preparación de alimentos.

Sobre la plaza principal después de subir unas escalinatas perfectas en su construcción, logramos llegar al sector Hanan; lugar más alto de la ciudadela, donde la vista hacia el otro costado del cañón Apurímac es sencillamente alucinante y donde hay casas de élite y un sinfín de secretos ocultos en cada roca utilizada para sus construcciones, una de ellas fue la similitud que encontramos entre las rocas y las montañas que adornan el paisaje del sector.

No podíamos finalizar el día sin antes visitar la última parte importante de lo alto del complejo, o bueno no tan alta porque tuvimos que hacer un pequeño descenso de más o menos 30 minutos para observar lo que yo llamaría como el mejor lugar de Choquequirao, son unos andenes en los que están construidas unas paredes que tienen figuras realizadas con las mismas rocas de la construcción, a este lugar se le denomina como el sector de las llamas.

Larga culebra diseñada en el sector llamas y una propuesta sin anillo pero con mucho amor

Lo hermoso de todo es que puedes bajar hasta ellas, eso sí, teniendo sumo cuidado porque si algo no tenían los Incas era el miedo a las alturas y sus construcciones bordeaban la línea de lo normal, seguimos nuestra caminata y después de hacernos miles de fotos con las llamas decidimos irnos al mirador de las mismas, donde podrás ver desde lejos todos los andenes que conforman este sector.

Trono Inca situado en el mirador del sector de las llamas

Los constructores de la ciudadela decoraron cada uno de los andenes con piedras blancas dándoles forma de llamas, expresiones artística creadas como muestra de afecto hacia este animal que era utilizado para transportar comida y suministros.

Día IV: El último mordisco de la manzana y el regreso

Después de haber recorrido toda la parte superior del complejo y haber pasado una noche inolvidable en la que la vía láctea fue la principal protagonista, nos dispusimos a ir a los últimos lugares que nos hacían falta para acabar con nuestro reconocimiento de Choquequirao, estos eran los andenes de Paqchayoc, la casa del agua y la hermosa cascada que dibuja la montaña.

Este lugar es el que la mayoría de personas que van de visita a Choquequirao se pierden o se contentan con solo verlo desde el camino, nosotros incluso nos lo íbamos a perder diciéndonos así mismo como “tenemos que volver porque se nos acaban los suministros”, pero agradezco que tomamos la decisión de ir y observar los andenes de cerca, lo monumental que son estas construcciones y por supuesto, sin pasar por alto la espectacular roca de los sacrificios.

Por último ingresar a la casa del agua y ver cómo edificaban ya hogares o simplemente bodegas de dos pisos utilizando la tierra como nivel era sorprendente, también observábamos detenidamente y nos quedábamos atónitos al ver que el lugar tenía algo así como tejas para que el agua de las lluvias no penetrara la vivienda, era algo que solo ellos pudieron haber logrado.

Escalinatas Incaicas
Casa del agua

La cereza del pastel era acercarnos a la hermosa cascada que no tiene un nombre, pero que nosotros decidimos nombrar como la cascada de Choquequirao, a la distancia se ve grande y pura, dan ganas de meterte y darte un chapuzón, ganas que se te quitan inmediatamente tocas el agua y sientes que es el agua de la laguna Churup.

Cascada de Choquequirao

Nuestro tiempo había terminado en Choquequirao y era hora de retornar, el camino que nos esperaba era largo y después de organizar todo comenzamos los pasos de regreso, pero esta vez nos iríamos por San Pedro de Cachora, para ello debíamos pasar por un pequeño poblado llamado Marampata, allí puedes encontrar suministros y comida, no la probamos porque dinero no teníamos, pero imagino que después de un trekking así todo debe saber delicioso.

Sendero hacia San Pedro de Cachora
Marampata

Mientras más nos alejábamos, lográbamos ver el camino que habíamos dejado atrás por Kuiñalla y también la hermosa vista que dejan los Andenes de Paqchayoc, el sendero se hacía más fácil por este lado o al menos eso era lo que sentíamos, te recomiendo que para este descenso del cañón Apurímac lleves bloqueador solar y algo con qué cubrirte del polvo ya que es un camino muy árido que dejará tu cuerpo totalmente lleno de arena.

El libro de la sabiduría
Las zetas diabólicas

Luego de caminar 10 kilómetros en cuatro horas y media logramos llegar a la playa Rosalina; campamento que esperaba por nosotros, está situado a una altitud similar a la playa San Ignacio donde te asesinarán los zancudos sin piedad y sin importar la hora, lleva bastante repelente si no quieres terminar como nosotros que parecíamos sobrado de tigre, también te recomiendo que si vas a pasar la noche allí, como lo hicimos nosotros, no dejes que la pereza te gane y arma tu carpa para protegerte de los mosquitos, aunque no sé si es peor no dormir por calor o por las picaduras y zumbidos.

Día V: El último y largo esfuerzo

De este recorrido tenemos pocas fotografías porque en realidad queríamos salir del Cañón de los mosquitos, perdón, del cañón Apurímac, el calor estaba acabando con nosotros y la que debía ser nuestra mejor noche por haber logrado culminar el descenso de Choquequirao había sido toda una tortura, el camino que nos esperaba no era fácil y como lo dije al principio era de nivel 5, pues aun nos hacían falta muchos kilómetros más.

Si miras con detenimiento lograrás ver Choquequirao en la parte superior derecha de la montaña

Desde la Playa hasta el inicio del trekking son 9.5 km y nos tomaron a nosotros 6 horas y media a paso de mochilero viejo y acabado, pero ahí no acababa todo porque aún nos faltaban 11 kilómetros para llegar a San Pedro de Cachora y posterior a eso salir hasta el Ramal de Cachora que es donde íbamos a hacer auto-stop para poder llegar a Cusco, el tiempo del recorrido hasta el pueblo no sé con exactitud cuánto nos tomó, pero sé que lo mejor que puedes hacer y nosotros no hicimos es tomar un transporte que te ahorre ese dolor.

Salkantay visto desde el camino a San Pedro de Cachora

Desde San Pedro de Cachora tomamos un vehículo que nos llevó hasta el cruce de la panamericana donde exitosamente hicimos dedo con dirección a la capital Inca, culminando así nuestra historia por el impresionante Choquequirao, aprovecho este momento para agradecer a todas esas personas que nos acompañaron y conocimos durante esta aventura.

Con nuestro gran amigo Cesar Closanta al finalizar el trekking

Datos importantes:

La combi de Abancay a Kuiñalla cuesta 15 soles, sale uno al día entre las 12 y la 1 p.m. y de Abancay a San Pedro de Cachora tiene un costo de 10 soles.
El transporte desde el final del trekking a Cachora tiene un costo de 10 soles, sí quieres ir hasta el Ramal de Cachora (vía panamericana) tiene un costo adicional de 5 soles.
El bus de Cusco a Abancay tiene un costo de 20 soles y de Cusco al Ramal de Cachora cuesta 15 soles.
El tiquete de ingreso al complejo arqueológico de Choquequirao es de 60 soles/ 30 soles estudiantes, (nosotros tuvimos la suerte de ingresar sin pagar ya que el ingreso por Kuiñalla no tenía habilitada ninguna boletería a la fecha de nuestra visita).
El horario de atención de la boletería situada entre Marampata y Choquequirao es de 7 a.m. a 5 p.m.
Los campings gratuitos son las playas de ambos caminos y el de Choquequirao, los demás tienen un costo de 5 soles por carpa.
Los tours hacia Choquequirao oscilan entre los 350 soles hasta más de 1.000 soles, todo depende de las comodidades del mismo, (si vas en tour debes saber que de igual manera te tocará hacer todo el trayecto a pie solo que tu peso lo llevan caballos).

No te quedes sin visitar este mágico lugar, no te permitas a ti mismo no colocar tus pies en el último bastión de la cultura más grande que habitó Sudamérica, espero con ansias ver que comiencen a ir a este lugar y que si algún día llegan a poner el teleférico no lo utilicen a menos que sus piernas  les impida el mejor trekking que la Senda Utópica ha realizado.

La tierra no pertenece al hombre… es el hombre el que pertenece a la tierra. No es el hombre quien tejió la trama de la vida… él, es apenas un hilo, y todo lo que hace a la trama se lo hace a sí mismo.
¿Creen ustedes que pueden hacerle cualquier cosa a la tierra, solamente porque un hombre firmó al pie de un papel concediéndosela?”
jefe de los Duwamish

Este artículo es en honor a aquellas tribus indigenas que fueron sacrificadas, no solo en la conquista española, sino también en cada una de las batallas mundiales donde lo económico superó lo humano y natural.

Vive feliz, vive libre.

Milo
Viajero utópico que movido por su pasión te llevará a lugares asombrosos.

4 Comentarios

    1. Gracias a ti por teletransportarte a este hermoso viaje, para nosotros es más que un placer que leyendo nuestros textos te sientas viajando, esperamos que cada día logremos ese sentimiento en ti y que también te animes a vivir en carne propia un futuro viaje.

      Vive feliz, vive libre.

  1. Queridos amigos de la senda, en aquellas noches estrelladas que miro el cielo, tengo la impresión de estar compartiendo una ventana más con uds, cual espejo de tantas emociones, cansancios, alegrías, sonrisas y penurias en este difícil trayecto, que camino tan escarpado y tomentoso, ¿de dónde sacan tantas fuerzas para lograr esos quiméricos propósitos? sufrimos con la senda en este tedioso recorrido, tienen alma de acero, espero que se cuiden cada vez más, recuerden que como humanos la consigna es preservar la salud… les queremos mucho, Virgil

    1. Este quimérico propósito nos lo dio la vida y las fuerzas para llevarlo a cabo nos la dieron nuestros padres, pues si no fuera por ellos el coraje para enfrentarnos día a día a una nueva ruta no lo tendríamos, hoy con la mano en el corazón te digo que las estrellas las vemos todos pero desde diferentes lugares y eso no importa porque pese a ello los astros del cielo siempre nos estarán mirando y protegiendo a nuestros seres amados que están lejos.

      Vive feliz, vive libre.

Déjanos un comentario