Bolivia

Una aventura de ensueño por la Chiquitanía I parte

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La Chiquitanía es una zona de Bolivia donde se formaron misiones Jesuíticas en el siglo XVII, que prevalecen hasta la fecha como valiosas muestras de arquitectura y música Renacentista y Barroca, pero también es una región con un paraíso terrenal oculto que amarás disfrutar.

Después de pasar por una extensa requisa de unos policías que pensaban que llevábamos droga en nuestras mochilas por ser colombianos, pudimos encaminarnos en tren rumbo a una de las rutas más bonitas de Bolivia; La Chiquitanía.

El tren llegó a las 2:00 a.m. al pequeño poblado de Aguas Calientes, bajamos, dimos unos 5 pasos y armamos nuestra carpa. A la mañana siguiente nos despertaron las risas de los niños que estaban jugando a nuestro alrededor, preguntamos a ellos cómo llegar a las termas de Aguas Calientes y nos dieron las dos opciones existentes.

Una de las partes del río donde se puede tomar baño en estas aguas termales es angosta y de aguas tibias, la otra es muy ancha y con partes muy calientes. Fuimos a ambas partes para ver cuál era la que elegiríamos, pues cada una tiene costo de 10 y 15 Bs, y nos quedamos con la parte más ancha, donde el río está más próximo a su nacimiento, a pesar del clima que nos hacía preguntarnos ¿cómo alguien puede bañarse en agua caliente con este calor?.

Este río termal es el más extenso de Suramérica, su temperatura promedio es de 40ºC y aunque parecía imposible, nos sumergimos en sus aguas bajo las sombras de los árboles.

El río cuenta con corrientes volcánicas, tiene hoyos de arena en su interior por donde brota el agua más caliente y si por error pones un pie en alguno de los hoyos, te vas a llevar un gran susto como lo hizo Milo cuando se lo tragó el hoyo hasta la cintura, saliendo despavorido sin querer pasar de nuevo por él. Cuando visites este lugar tendrás que experimentar lo que se siente ser tragado de esa manera, pues las personas del lugar cuentan que te hundes hasta el pecho mientras recibes un masaje de burbujas para luego ser expulsado con fuerza del agua.

Después de esa pequeña y agradable aventura, nos dirigimos a la carretera principal, directamente a hacer auto-stop con el objetivo de llegar el mismo día a Roboré, tuvimos suerte pero el carro nos dejó en la entrada de la ciudad, que aunque es pequeña, entrar caminando bajo el sol ardiente, se convierte en un viaje larguísimo. En cuanto llegamos, buscamos desesperadamente un bolis, una paleta o alguna cosa congelada, por lo que entramos una pequeña tienda casera y así fue como iniciamos una gran amistad con una bella familia del lugar, conseguimos donde dormir y recibimos las mejores recomendaciones de cascadas para visitar.

Como el día estaba ya casi acabando pero el sol no se quería ir y nuestro calor mucho menos, bajamos hasta un río que pasa por el lugar para tomar un baño frío.

Los Totaizales

Comenzamos nuestra caminata rumbo a conocer la Cascada de Los Totaizales, llamada así por la abundante presencia de la palma de totaí, una ruta donde el único destino no fue la cascada más grande, sino también una serie de pozos de agua helada, caídas de agua pequeñas, mucha vegetación, animales y uno en especial que no habíamos visto antes.

Escuchamos a lo lejos un sonido extraño, que a medida que nos acercábamos iba pareciéndose más a la onomatopeya de un animal, de un animal que no estaba relacionado en nuestra cabeza y cuando lo vimos nos causó mucha ternura y pesar porque las señales indicaban que estaba perdido, no nos atrevimos a hacer nada porque no sabíamos con exactitud qué animal era, imaginábamos a una jabalí mamá enojada y por eso desistimos de cualquier idea.

En la zona se le llama Taitetú y las personas suelen cazarlo para tenerlo de mascota o para consumir su carne.

La bajada era larga y yo solo podía pensar en lo que me iba a costar, después de un baño refrescante, tener que subir toda esa montaña con el calor sofocante que hacía, sin embargo, comenzar a escuchar el armonioso sonido del agua resbalando por las rocas, me hizo olvidar todo lo demás.

Llegamos al lugar después de caminar 5 kilómetros desde la plaza principal de Roboré y en la primera posa que vimos, me sumergí haciendo que el calor saliera un poco de mí para continuar caminando por una pendiente que nos llevaría a la cascada principal; una caída de agua de 30 metros de altura que cae en un pozo grande, profundo y oscuro.

Cascada de Los Helechos

Luego de un refrescante baño, en el que terminamos congelados, subimos de nuevo la montaña y tomamos un sendero que se encuentra al lado izquierdo, caminamos durante unos 20 minutos más y no vimos el pequeño letrero de la señal hacia la cascada así que nos perdimos, nos decepcionamos y con mucha tristeza comenzamos a devolvernos pero por suerte en ese momento vimos el visible letrero que indicaba la dirección correcta y aunque nos sentimos idiotas, fuimos felices por tener la oportunidad de conocer esta hermosa cascada.

Esta cascada lleva el nombre de “Los Helechos” porque tiene millones de ellos en su camino, durante todo el recorrido los verás en todo tamaño, algunos muy grandes que nos hicieron agradecer no tener el dinero para pagar un tour muy caro que querían cobrarnos en Samaipata para conocer Helechos gigantes.

Esta caída de agua tiene también 30 metros de altura y gracias a lo poco turística que es, estábamos completamente solos en el lugar, disfrutando de la naturaleza en todo su esplendor.

Terminamos nuestra ruta del día y una nube muy cargada de agua no demoró en perseguirnos, por lo que los tan anhelados mangos que recordábamos haber visto en la entrada tuvieron que ser guardados en una bolsa para disfrutarlos más tarde. Ahora imagínennos corriendo de la lluvia con unos 5 kilos de mango y muy cansados después de esta ruta de cascadas.

Chorro de San Luis

El Chorro de San Luis fue la cascada que visitamos al día siguiente y aunque es la que comúnmente todos visitan, también tuvimos la suerte de disfrutarla en soledad.

Este chorro tiene 23 metros de altura y está ubicado a 5 kilómetros de la plaza principal de Roboré.

En este lugar también tuvimos la suerte de ser guiados por los amigos que conocimos durante nuestra estadía en Roboré, para ver pintura rupestre, piedras con dibujos de muchas formas que nos quedamos admirando, imaginando qué querían expresar sobre su cultura las personas que moraron allí alguna vez.

Si quieres continuar leyendo nuestra aventura por la Chiquitanía, puedes ver la segunda parte escrita por Milo aquí.

Vive feliz, vive libre.

Ly
El mundo es mi país.

4 Comentarios

  1. Definitivamente Ly uds vienen desarrollando una gran técnica que más de hacer ver a los ciegos, pintan con expresiones ideográficas y nos ponen a soñar con tan esplendorosas fotografías que me recuerdan “El Paraíso” de Juan Milton,.. en verdad agradezco por todas las ventanas que abren para cuantos les observamos en la distancia, que bella familia que les adoptó en esta oportunidad… que Dios la bendiga por creer en la humanidad, porque todos somos caminantes de paso en el planeta tierra…!que cascadas tan lindas en la exótica Bolivia… saludes a Milo, les queremos desde Medellín-Colombia, Virgil.

    1. Voy a esperar con muchas ansias que vengas a visitarnos para que me cuentes esa historia del paraíso y vivamos muchas más aventuras naturales, humanas, culturales juntos, para que el universo siga conquistando nuestras mentes en cada maravilla por la que andamos. Gracias por leer cada uno de nuestros artículos Virgil 🙂

      Vive feliz, vive libre.

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